El desafío de involucrar a la ciudadanía en el desarrollo de proyectos urbanos
19 mayo 2021 por Marielena González
Debo confesar que las asambleas de propietarios, por lo menos las de la residencia donde vivo, siempre terminan en una pérdida de tiempo por varias razones: porque no asiste la mayoría de los habitantes y porque casi nunca se llega a un acuerdo.
Por ponerles un ejemplo, hace poco convocaron a una asamblea para plantear la recuperación de los espacios comunes de la residencia (áreas verdes, luminarias del estacionamiento, luminarias de pasillos, ciertas reparaciones de la casilla de vigilancia, entre otros). La mayoría no atendió la invitación realizada por la junta de condominio, y los pocos asistentes terminamos decidiendo las acciones necesarias para ejecutar las mejoras.
Entre los asistentes acordamos nombrar un delegado por edificio que se encargara de recoger la información correspondiente a las necesidades de cada uno, para así proceder a solicitar presupuestos.
Todo parecía ir por buen camino, hasta que se hizo presente la triste realidad: en algunos edificios nadie se ofreció como colaborador. Como no se obtuvo la información de todos al mismo tiempo, y a unos les urgía más que a otros arreglar sus espacios, al final se decidió que cada edificio llevara a cabo las reparaciones correspondientes a sus áreas comunes.
Como era de esperarse, algunos edificios lo hicieron y otros aún no se ponen de acuerdo.
Este tipo de situaciones me hacen pensar sobre lo difícil que es llevar a cabo una acción para el beneficio común de un grupo de personas. Es triste saber que la mayoría de las personas que viven en una residencia o urbanismo piensan que, al nombrar una junta de condominio o administrador, la responsabilidad absoluta recae directamente sobre ellos y que no deben preocuparse por nada más.
Es imposible que un bien común se mantenga en óptimas condiciones sin recibir el apoyo de la comunidad, tanto para llevar a cabo las gestiones como para comunicar qué está bien y qué no. Si esto pasa en una residencia de pocos habitantes, la magnitud del problema que vive día a día un alcalde o un gobernador debe ser mayor.
Los problemas se resuelven entre todos
Imaginarse que al elegir un alcalde o un gobernador nos permite desligarnos de los problemas que acontecen a nuestra ciudad es un grave error. Debemos entender que las personas que ocupan esos cargos están puestas por los habitantes para que ejecuten proyectos con el único fin de solucionar y elevar la calidad de vida de las personas.
Debe ser un trabajo mancomunado en donde intervengan el sector público, el sector privado y los ciudadanos. Es acá donde entra la importancia de saber comunicar y liderar el desarrollo de proyectos urbanos.
Por ejemplo, si el sector público se plantea mejorar la seguridad en su ciudad a través de un botón de pánico diseñado por una empresa privada, con el fin de mejorar el tiempo de respuesta de las autoridades competentes ante una emergencia, lo primero que debe hacer es comunicarlo: hacerlo público, explicar detalladamente el cómo, el por qué y el para qué se va a implementar, e involucrar a la ciudadanía para crear una conciencia de buen uso de la herramienta.
La participación ciudadana es el pilar central de cualquier proyecto de ciudad inteligente.
Los primeros pasos
Que un gobernante realice una comunicación efectiva sobre sus planes a corto y largo plazo para la resolución de problemas y la mejora de la calidad de vida de las personas es el primer paso para alcanzar una ciudad inteligente o smart city, puesto que este concepto tiene como principal pilar a los habitantes, integrando para ello la tecnología.
La tecnología permite leer datos, generar información, procesarla y analizarla. Es usar la tecnología de forma distinta, siendo necesaria la ingeniería, porque será ella la que defina la solución con base en la tecnología.
¿Para qué es necesaria la integración de tecnología?
Una smart city dota a sus habitantes de las herramientas necesarias para que aporten valor a la ciudad. Las personas deben integrarse a su comunidad y poder ver el valor que tienen todas estas integraciones.
Acá entra mucho en juego también la educación: las ciudades inteligentes deben enseñar el manejo de estas herramientas haciendo uso de una comunicación efectiva. En mi humilde opinión, esta comunicación debe ser a través de medios digitales como las redes sociales, ya que hoy en día son un canal de comunicación inmediato entre las partes.
Al principio, el sector público junto a su equipo multidisciplinario deberá crear una buena estrategia de comunicación con el fin de presentarles la idea a sus habitantes, de modo que puedan entender cuál es el proyecto, cuál es la herramienta tecnológica a usar y cómo usarla para obtener la información necesaria y, con ella, generar la solución.
La ciudad en donde a todos nos gustaría vivir
¿Cuántas veces leemos a diario denuncias que hacen las personas en Twitter por falta de agua, de alumbrado o asfaltado público, de seguridad y hasta de accesibilidad a transportes públicos en buen estado y a precios accesibles?
Mejorar todos esos problemas para lograr la ciudad que todos deseamos requiere de mucha cooperación entre las partes y planificación. Solo tenemos que integrarnos todos y trabajar por el bien común.
¿Cómo logramos esa integración? Con educación y buena comunicación, que permita hacerle ver a las personas el valor que tienen las integraciones tecnológicas sobre su vida en particular.
Ing. Marielena González Nieves @soylainge