El desarrollo tecnológico como necesidad
18 julio 2016 por Jonny Cabrera
Tecnología, esa palabra que está muy de moda en la actualidad: muchos de cierta forma le temen, otros no pueden vivir sin ella, algunos la emplean como amenaza, pero casi todos nos hemos acostumbrado a ella.
Sin embargo, sea cual sea el punto de vista que se tenga, lo cierto es que lo que esta palabra implica talla poco a poco la forma en que coexistimos todos con nuestro entorno, es decir, con nuestro planeta.
La influencia de la tecnología
El conocimiento técnico acumulado ha moldeado el curso de la humanidad.
El conjunto de conocimiento técnico que hemos acumulado a lo largo de la corta historia que tiene la humanidad como inquilina de este planeta es el que ha permitido el auge y caída de imperios, mejorar nuestra esperanza de vida o simplemente conocer otros mundos.
Pero todo esto no ha sido un regalo divino, puesto que la gran mayoría de los avances tecnológicos, sin importar la época que investiguemos, se deben principalmente a las guerras y la necesidad de vencer al enemigo sin importar el costo.
Por ello, el mismo análisis permite indicar que las naciones que han dominado o siguen dominando la geopolítica cimientan su poder militar y económico en el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas hacia el armamento, la energía, el transporte, la alimentación y la salud: los pilares fundamentales que soportan a la sociedad.
Esas mejoras o descubrimientos aplicados son luego de un tiempo vendidos al resto del mundo para "hacer de nuestro planeta un lugar mejor".
Una apuesta a largo plazo
Ahora bien, ¿por qué es importante para un país desarrollar tecnología? ¿Por qué apostar por algo que no da beneficios a corto plazo?
Estas preguntas no tienen una respuesta fácil. Cada país cuenta con necesidades inmediatas que debe atender, y el desarrollo tecnológico no debe ser una propuesta temporal que atienda a una necesidad puntual. Hablamos de una estrategia sostenible en el tiempo, con hitos y logros que permitan medir el grado de avance hacia una real independencia tecnológica. Tratar esto como un paño caliente o algo publicitario es malgastar dinero y recursos.
La inversión requerida para comenzar a desarrollar tecnología propia es titánica y constante. Esto solo se puede lograr a través de acuerdos entre entes públicos, el sector privado y los centros educativos.
Debe ser una acción conjunta que permita el acceso a las personas desde su niñez a las herramientas necesarias para comenzar a "jugar", aprender y así, con el paso del tiempo, diseñar soluciones para nuestros problemas cotidianos.
Con ello se germinan las semillas necesarias para que en un futuro próximo podamos recoger frutos: una sociedad más organizada, menos violenta, consciente de su potencial y abierta a apostar por la creación de cosas nuevas.
La colaboración entre sector público, privado y educativo es clave para el desarrollo tecnológico.
Beneficios de una política de estado
Este desarrollo beneficia a todos los sectores mencionados. El sector privado puede capitalizar sus inversiones con la creación de nuevas patentes y productos innovadores que puedan ser ofrecidos tanto en su país de origen como a nivel regional o global.
El sector público se beneficia a través de una imagen progresista, la sustitución de exportaciones, la generación de nuevos puestos de trabajo, la protección de su aparato productivo y la elevación de la calidad de vida de sus habitantes mediante mejores servicios.
Los centros educativos se benefician de las creaciones de sus estudiantes y de la investigación y desarrollo que puede llevarse a cabo en sus aulas. De esta forma no están sometidos únicamente al dinero que puedan recibir por parte del gobierno o la matrícula de sus estudiantes; hablamos de diversificar sus ingresos.
Finalmente, la sociedad eleva sus capacidades técnicas y potencia el emprendimiento nacional. Lo importante no es solo conocer nuestros derechos sino también nuestros deberes; por ello se mejora la conciencia colectiva de hacia dónde se quiere ir como país.
Reflexión final
Como toda apuesta, conlleva un riesgo inherente. Hace falta una voluntad de hierro para mantenerse constante a pesar de los reveses que se puedan acumular; los beneficios poco a poco irán saliendo a la luz.
Sin importar el país, se debe analizar la fotografía inicial: ¿cómo obtiene ingresos el país?, ¿cuáles son los productos de exportación?, ¿cómo subsisto si ese producto desaparece?, ¿cómo vemos el país en 100 años?
Estas son solo algunas de las preguntas que se deben hacer para entender que el momento de empezar no es cuando sea obligado por la situación: era hace 20 años, es hoy. Cuando el problema sea la subsistencia, tal vez ya sea muy tarde.
