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Reflexión sobre las ciudades inteligentes y la gestión

10 marzo 2021 por Jonny Cabrera

A veces miro por el balcón de mi casa y pienso en la cantidad de personas que pueden estar viviendo en la ciudad, pienso en los problemas comunes que tenemos como habitantes. No todos contamos con los servicios básicos (electricidad, agua, gas) debido a la falta del servicio, no a la infraestructura disponible.

El día a día de muchas personas consiste en resolver los problemas del día, y eso es fatal para cualquier sociedad. Dejas de ocupar tu mente en algo productivo, solo piensas en cómo subsistir un día más, te desmoralizas. Esa es la nueva forma de opresión: una que ahoga la mente, le impide pensar de forma efectiva y, por lo tanto, hace que tomes por normalidad situaciones que son anormales. Se destruye la calidad de vida.

Ante este panorama desolador —algo más común de lo que parece en muchas regiones del mundo—, es muy fácil cuestionarse por qué se habla de ciudades inteligentes, por qué soñar con algo que parece utópico. Como sociedad, tal vez aún nos falta crecer para poder aspirar a un cambio real, o tal vez, sencillamente, necesitamos resolver primero nuestras necesidades básicas antes de siquiera pensar en ir un paso más allá.

Abro mi mente y trato de ponerme varios zapatos a la vez para poder ver diferentes puntos de vista con los cuales luego argumentar una respuesta. La realidad es que es muy difícil ese ejercicio, porque a pesar de que padezco de forma directa o indirecta —familiares, amigos, conocidos— muchos de los problemas que aquejan a la ciudad, en algún punto decidí apostar por una burbuja en la cual trabajo por beneficios comunes para todos.

Eso implica buscar la sostenibilidad en la construcción, la eficiencia de las instalaciones y automatizar todo lo que se pueda para contar con datos de primera mano que ayuden a la toma de decisiones.

Ese punto de vista, en cierta forma optimista, permite que todos estos esfuerzos que realizamos poco a poco engranen y rindan frutos. Una vez vi un documental sobre emprendedores en países en guerra; ese documental cambió radicalmente mi forma de ver las cosas en mi país.

Porque aún bajo las situaciones más hostiles que podamos imaginar, hay personas que apuestan, que no dejan de trabajar, de pensar e innovar. No dan su brazo a torcer, porque de esa manera demuestran que no están de acuerdo con la situación que atraviesa su país. Mantenerse activos, formándose y preparándose para una reconstrucción es la esperanza que los llena.

Y se preguntarán: ¿qué tiene que ver esto con las ciudades inteligentes? Pues mucho. Identificar y reconocer tus problemas es solo el primer paso; comprender realmente qué es una ciudad inteligente —un concepto que va más allá de la tecnología— es el segundo.

De esa manera puedes enumerar las necesidades y de alguna forma priorizarlas para tener un punto de partida sobre el cual avanzar y demostrar que los cambios son posibles. Arquímedes dijo una vez: "denme una palanca y moveré el mundo". Nuestro punto de apoyo sobre el cual aplicar la fuerza de esa palanca sería entender que lo que muchos vivimos no es normal.

Políticos corruptos, no es normal. Pagar por servicios públicos que no funcionan, no es normal. La inseguridad, no es normal. Hacer un trámite y necesitar obligatoriamente de un gestor, no es normal. En fin, es una gran lista que cada quien puede elaborar mentalmente y ver qué sale.

Reflexión sobre ciudades inteligentes y gestión urbana Ciudades inteligentes: transformar la gestión urbana comienza por reconocer lo que no es normal.

Cuando muchos comencemos a comprender esto, entenderemos que cambiar positivamente sí es posible. Valoraremos el trabajo de hormiga que muchas personas e instituciones han ido realizando en pro de mejorar la calidad de vida desde distintos ángulos, algunos más a la vista que otros.

Tiene igual valor recolectar información sobre un servicio público para denunciar sus fallos de forma global, que tratar de persuadir a un constructor o alcalde para que comprenda la importancia de la construcción sostenible. Ambos buscan la eficiencia en su sector. Si consumimos menos recursos, el problema no será generar más y más, sino cubrir la demanda con lo que tenemos para ser realmente eficientes.

El valor de la información en la gestión urbana

El valor de la información para tomar decisiones de gestión es fundamental. Obtener datos puede ser tan sencillo como elaborar encuestas, o algo más elaborado: emplear un detector o sensor con capacidad de transmitir la información directamente a un sistema dedicado para ello.

Dependerá de la disponibilidad de recursos, la facilidad para conseguir inversión o del compromiso con una causa. Lo cierto es que sin información no se puede abordar un proceso de gestión eficiente.

Transparencia, comunicación y confianza

Ligado a esto se encuentran la transparencia y la comunicación. Las ciudades inteligentes se aseguran de que todos los procesos sean transparentes: todo debe poderse consultar, desde una licitación o una declaración hasta los datos que se estén recogiendo para un determinado uso.

Lo importante es tener un responsable real, alguien que rinda cuentas sobre la gestión que está realizando. Es una de las mejores maneras de recuperar la confianza perdida de la población, algo fundamental si se quiere abordar un proceso de transformación en una ciudad.

La ciudadanía debe involucrarse junto al sector privado y público para recuperar el tiempo perdido y avanzar hacia el futuro próximo que todos buscamos.

Seguir pensando de forma populista o electoralista solo nos llevará aún más profundo en el hoyo que ya hemos cavado. Pensar que subir una tarifa impedirá la reelección es algo totalmente desfasado; encuestas recientes demuestran que existe intención de pago por parte de las personas, solo si de verdad se mejoran los servicios. Algo totalmente lógico.

Si estás en un puesto de decisión urbana, dedica un momento a pensar y a contestar algunas preguntas:

  • ¿Conozco los problemas de la comunidad que represento?
  • ¿Cuáles son sus prioridades?
  • ¿La comunidad entiende que realmente estamos trabajando para ellos?
  • ¿Soy transparente en mi gestión y responsable con las actividades que realizo?
  • ¿Cuál es mi plan para mejorar la calidad de vida de las personas a corto y mediano plazo?
  • ¿Cuáles son mis victorias tempranas?
  • ¿Le doy el valor real a la necesidad de contar con información para la toma de decisiones?

Nuevamente, pueden ser infinidad de preguntas, pero también vale la pena hacer ese ejercicio.

Gestión urbana y participación ciudadana en ciudades inteligentes La participación ciudadana y la rendición de cuentas son pilares de una ciudad inteligente.

Hay mucha gente realizando labores increíbles; no todos son reconocidos ni tampoco tienen por qué serlo, pero todos somos necesarios. Si dejamos atrás los egos, podríamos seguramente hacer cosas aún más valiosas.

El aporte privado en el desarrollo de las ciudades es fundamental, no solamente porque sea un negocio, sino por saber que la actividad comercial a la que se dedican tiene un impacto más allá de lo económico. Positivamente también redunda sobre la calidad de vida de las personas.

Que una empresa gane un contrato para mejorar la vialidad debe ser motivo de celebración, pero también debe ser motivo de orgullo saber que se hizo un buen trabajo sin atajos: sin ahorrar dinero comprando materiales de menor calidad a los presupuestados en la licitación. Ese simple detalle, para una comunidad, es de mucho valor.

La inclusión de tecnología en el desarrollo de ciudades la dejaré para un artículo futuro. Esta vez quise reflexionar sobre la importancia de cambiar nuestra actitud, mantenernos activos mentalmente, ser responsables por lo que hacemos y sentirnos orgullosos por trabajar en búsqueda de soluciones para los problemas que nos afectan. De eso también se tratan las ciudades inteligentes: de mejorar la calidad de vida de todos, gracias a nuestro cambio de mentalidad como sociedad.


Jonny Cabrera jcabrera@innotica.net · LinkedIn

Escrito por:

Jonny Cabrera

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