Optimizar el consumo eléctrico en ciudades
22 febrero 2016 por Jonny Cabrera
Alumbrado público y grandes consumidores
Actualmente América Latina sufre los embates del fenómeno "El Niño": mientras unos países atraviesan un período de sequía extrema, otros simplemente sufren por exceso de lluvias torrenciales.
Aunado a esto, el cambio climático acentúa aún más los efectos de este fenómeno de carácter cíclico, llegando a afectar a cada uno de los países a muchos niveles, entre ellos el energético.
La energía es uno de los motores que permiten el desarrollo de un país; está prácticamente relacionada con cada una de las actividades productivas y de ocio que una sociedad requiere para su desenvolvimiento diario.
Por lo tanto, las políticas de crecimiento en generación, concientización de su uso y mantenimiento deben ir de la mano para garantizar que el servicio no se vea afectado, minimizando el impacto de fenómenos naturales como "El Niño".
La sequía y sus efectos
La sequía extrema pone en jaque la generación hidroeléctrica en Venezuela.
Actualmente Venezuela depende en más de un 60% de la generación hidroeléctrica, es por ello que los períodos de sequía extensos encienden las alarmas relacionadas con la producción de energía.
A pesar de que se ha intentado llevar a cabo una diversificación del sector, utilizando plantas térmicas en conjunto con las hidroeléctricas, no se ha logrado disminuir los impactos. También se ha fallado al no aprovechar ni explotar, a ninguna escala, la generación de energía por fuentes renovables —especialmente la solar fotovoltaica y la eólica de alta y media potencia—.
En este sentido, y al encontrarnos con unas perspectivas desoladoras de cara a este año, se comienzan a tomar medidas extremas para reducir el consumo energético a nivel nacional y así paliar en la medida de lo posible el problema, evitando el temido racionamiento eléctrico.
Dichos racionamientos afectan negativamente la producción nacional (pública y privada) y las actividades de esparcimiento de la población. Medidas como reducir el horario de trabajo de los edificios públicos, regular el horario de los centros comerciales o establecer bandas de consumo para el público general y grandes consumidores son simplemente paños de agua tibia que no resuelven el problema de fondo.
El cual es: ¿cómo se optimiza el uso de energía eléctrica?
Atacando la realidad nacional
Las ciudades concentran el mayor consumo eléctrico nacional.
El crecimiento de la población hace que anualmente el consumo eléctrico aumente de forma sostenida entre un 3 y un 5%; por lo tanto, el sistema de generación debe adecuarse y prepararse para soportar esas futuras cargas.
El gran consumidor de energía eléctrica en el país son las ciudades, pero no los ciudadanos de a pie, sino particularmente las grandes edificaciones (públicas y privadas) y el alumbrado público.
La solución para las grandes edificaciones pasa por exigir, a nivel normativo, que todas las nuevas construcciones a nivel nacional deban obligatoriamente generar para autoconsumo —empleando fuentes de energía renovables o tradicionales— como mínimo un 30% de la energía que consumen. Para llevar a cabo dichas reformas se debe contar con gran voluntad política; no son cambios sencillos, pero sí muy necesarios.
Por otro lado, el alumbrado público es un elemento de suma importancia. A nivel mundial hay muchas experiencias que pueden ser replicadas.
Ahorrar no es solo comprar luminarias más eficientes (tipo LED) y hacer la sustitución de miles de ellas a nivel nacional, porque de esta forma tarde o temprano se pierde la inversión, ya que no existe una infraestructura instalada que permita conocer en tiempo real el estado de las mismas.
Comprar y comprar es solo lo que se está haciendo actualmente —ciertamente es un gran negocio para algunos—, dejando de lado la oportunidad de "dar el don del habla a nuestra infraestructura de alumbrado público nacional".
Un sistema de supervisión y control puede liberar hasta un 45% del consumo energético en la red de alumbrado.
Emplear un sistema de supervisión y control en la red de alumbrado público puede permitir ahorros de hasta un 45% de consumo energético, estableciendo bandas horarias de trabajo.
Por ejemplo, de 6 de la tarde a 11 de la noche la luminaria opera al 80–85% (para el ojo humano es indiferente si una lámpara se encuentra al 80% o al 100%). Luego, de 12 a 4:30 am, cuando el tráfico tanto vehicular como peatonal se reduce drásticamente, se ajusta a un 50–60%.
Esto permite reducir el consumo mientras las calles se mantienen iluminadas, evitando que la ciudad quede como una "boca de lobo" y preservando la sensación de seguridad. Finalmente, entre las 4:30 y las 6 am se aumenta nuevamente la intensidad hasta un 80–85%, para acompañar a las personas que salen de casa temprano.
Eso en una lámpara. Si ese proceso se multiplica por el total de luminarias a nivel nacional —más de un millón setecientas mil, de acuerdo a los datos del último anuario eléctrico de CORPOELEC—, se tiene que, empleando un sistema de gestión de este tipo a nivel nacional, es posible liberar del sistema eléctrico nacional aproximadamente 0,5 GWh: lo que consumió todo el estado Anzoátegui durante el año 2013.
Esos son grandes números, pero no todo queda allí. Las pérdidas derivadas por robo de electricidad se verían reducidas casi en su totalidad, puesto que estos sistemas permiten detectar exactamente dónde se está llevando a cabo una conexión no autorizada para "robar luz", actos vandálicos como robo de cableado y daños tanto a luminarias como a cuadros de control, logrando así —en conjunto con los cuerpos de seguridad— atrapar a los delincuentes "con las manos en la masa".
Estado paternal o estado eficiente
Invertir en gestión inteligente del alumbrado cuesta significativamente menos que generar nueva capacidad instalada.
El nivel de inversión es pequeño en comparación con lo que cuesta generar un megavatio eléctrico en el país. Es importante resaltar que para implementar estas redes se aprovecha la red de alumbrado instalada actualmente (cableado, postes y luminarias), puesto que el único requerimiento adicional a nivel de infraestructura es contar obligatoriamente con un balastro electrónico.
Esto en números macro establecería una relación de 3/5 entre generar 500 MW o instalar un sistema de gestión de alumbrado público a nivel nacional. Aunque en Venezuela el costo de la electricidad al usuario final es muy bajo, al Estado sí le genera altos costos de producción, transporte y mantenimiento.
Los beneficios son múltiples y totalmente palpables por los ciudadanos en períodos de entre 3 y 4 años, lo cual es un lapso de tiempo relevante para que nuestros políticos puedan obtener ventaja electoral.
¿Aportar o criticar?
Tal vez muchos piensen que estas son ideas para ser aplicadas en otros países, o que no contamos con personal preparado para afrontar estos retos. Con orgullo se puede indicar que son opiniones completamente erradas, puesto que en el país se cuenta con personal que posee experiencias en este sentido, como la implementación de un sistema de gestión de alumbrado en Ecuador, primer país latinoamericano en implementar este tipo de sistemas.
Si se llegasen a implementar ambas medidas —crear la normativa que obliga a generar energía para un porcentaje del autoconsumo y evitar el derroche energético en el alumbrado público nacional—, tendríamos menor necesidad de realizar los dolorosos racionamientos, evitando con ello afectar tanto la productividad de los sectores públicos y privados como la calidad de vida de nuestros ciudadanos.
Las herramientas, conocimientos y experiencias están en nuestro país y región; solo falta sumar voluntades que permitan tomar las decisiones y acciones que nos garanticen un verdadero uso eficiente de todos los recursos que poseemos.
Invitamos tanto a nuestros políticos como a los empresarios a colocar su grano de arena a fin de mejorar la calidad de vida de todos nosotros y disminuir la huella que estamos dejando en el planeta. Esto es una tendencia que será lo normal en un futuro próximo, pero el cambio no debe comenzar mañana porque puede ser muy tarde: el cambio debe comenzar hoy.