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Reflexiones sobre la construcción del ecosocialismo

28 marzo 2016 por Moises Hernández

Gran Misión Vivienda Venezuela: ¿benefactora de los desfavorecidos o incubadora de una sociedad consumista-capitalista?

A principios de siglo pasado Le Corbusier planteó soluciones habitacionales para resolver el problema de la vivienda en pleno éxodo migratorio hacia las ciudades industriales del momento.

Las ideas de industrializar y estandarizar procesos constructivos, así como el hecho de enfocarse en los aspectos funcionales de la vida diaria para definir el diseño de la vivienda, consiguieron también estandarizar tipologías de viviendas y marcar el modo de vida urbano asociado. A ello se le denominó la "arquitectura moderna" y, consecuentemente, condujo al estilo de vida "moderno".

El concepto de la "Máquina de Vivir" definido en la primera mitad del siglo XX continúa siendo aplicado a día de hoy en las soluciones habitacionales que se construyen. Únicamente que por factores asociados a la especulación inmobiliaria, la disponibilidad de suelo urbanizable y los altos costes de construcción por m², aspectos como el "buen vivir" son relegados al diseño de construcciones orientadas a un mercado con poder adquisitivo medio/alto y se promueven como "facilidades" de lujo y, por lo tanto, con un precio y estatus superior.

Soluciones incompletas

Generalmente la mayoría de las viviendas para sectores populares solo cumplen con las funciones básicas del individuo o grupo familiar, que coinciden con las necesidades fisiológicas del ser humano:

Imagen ilustrativa de viviendas para sectores populares Viviendas sociales diseñadas para cubrir necesidades fisiológicas básicas.

  • Comer.
  • Dormir.
  • Descansar.
  • Asearse.

Estas necesidades definen el diseño de cualquier vivienda; sin embargo, para las viviendas sociales son los únicos criterios que se usan. Otros aspectos relacionados con las necesidades humanas más allá de las fisiológicas quedan sin contemplar, como la necesidad de:

  • Compartir, querer y amar.
  • Soledad y tranquilidad.
  • Hablar y escuchar.
  • Comunicarse y relacionarse.
  • Sentirse reconocido y tener identidad.
  • Apreciación y contemplación de la belleza.
  • Sentir la presencia de la naturaleza.

Y aspectos como:

  • La temporalidad y la flexibilidad.
  • La movilidad y el transporte.
  • La creatividad y la productividad.
  • La convivencia comunitaria y la integración social.
  • La sostenibilidad y el ahorro de recursos.

Aún no tienen espacios definidos ni soluciones integrales plenamente contempladas en el diseño de la vivienda, originando vacíos difíciles de resolver y espacios estériles y/o marginales a lo largo de los complejos residenciales que se han construido y siguen construyéndose.

Solo algunos complejos residenciales han intentado incorporar en su diseño algunos de los aspectos reseñados, pero no en su totalidad, por lo que el disfrute de la vivienda y la obtención de una calidad de vida óptima resulta limitada.

¿Remedios peores que la enfermedad?

Las viviendas diseñadas para cumplir las funciones básicas del individuo o grupo familiar son proclives a generar una serie de comportamientos originados por sus propias limitaciones. En muchos casos, no se adaptan a las necesidades del individuo o grupo familiar que accede a ellas por falta de recursos y a falta de otras opciones disponibles.

Fotografía de un conjunto residencial social con espacios limitados Conjunto residencial que ilustra las limitaciones espaciales de la vivienda social.

Algunas de estas limitaciones son:

  • Espacios reducidos y limitaciones para su ampliación.
  • Materiales de construcción inapropiados que crean desequilibrios energéticos.
  • Diseño inapropiado y repetitivo, sin consideraciones regionales ni climáticas.
  • Carencia de aislamiento térmico y acústico, lo que genera contrastes de altas y bajas temperaturas y excesivos niveles de ruido.
  • Ausencia de zonas de confort en el interior y exterior de la vivienda.
  • Ausencia de zonas de confort y seguridad en los espacios públicos.
  • Desconocimiento de las variables ambientales fundamentales.
  • Interrupción de las funciones propias de la vivienda rural/productora/creativa.
  • Movilidad familiar.

Vista de problemas urbanos derivados del diseño deficiente de viviendas sociales Consecuencias urbanas del diseño habitacional deficiente.

Esto acarrea problemas como:

  • Hacinamiento.
  • Temperaturas excesivamente altas durante el día y bajas durante la noche.
  • La pérdida de identidad, desarraigo y ausencia del sentido de pertenencia.
  • Reducción de la vida útil de los componentes y materiales de la vivienda.
  • Mantenimiento de la vivienda más frecuente y aumento del costo a realizar.
  • Necesidad de adquirir aparatos de ventilación eléctricos.
  • Aumento del consumo energético.
  • Descomposición de la unidad familiar y favorecimiento del aislamiento del individuo.
  • Exclusión social y comunitaria; pérdida de relaciones sociales.
  • Incremento de la exposición a problemas ambientales y adversidades climáticas.
  • Reducción o pérdida de la capacidad productiva/creativa de la unidad familiar.
  • Pérdida de relaciones familiares.

El diseño de una vivienda social debe tener en cuenta aspectos económicos en el proceso constructivo, pero también debe considerar el alto costo que supone el deterioro de los aspectos sociales, culturales y ambientales si estos no están contemplados.

Los problemas que se generan por la falta de espacios adecuados (zonas de confort) para que las necesidades humanas puedan desarrollarse plenamente propician la reclusión del individuo en el lugar que encuentra seguro: generalmente su vivienda y, en última instancia, su habitación, lo cual termina aislándolo definitivamente del ambiente social y familiar que le rodea.

Este comportamiento se repite a medida que disponemos de otros medios de comunicación que nos hacen sentirnos conectados (televisión, teléfono, internet), si bien ello incrementa el grado de aislamiento del entorno inmediato. Este aislamiento incide en el empobrecimiento de las relaciones sociales y familiares, repercute negativamente en el sentido de la participación comunitaria y la corresponsabilidad ciudadana, lo que genera con el tiempo la percepción de vulnerabilidad e inseguridad.

Debemos recuperar la calle

Vista de una calle urbana venezolana con obstáculos y abandono La calle como espacio público abandonado y tomado por el desorden urbano.

La calle, el espacio público por excelencia, sufre —no solo en Venezuela— la desidia de sus ciudadanos y las autoridades civiles, quienes la han abandonado a las basuras, escombros, malezas, buhoneros y negocios; permiten la instalación de farolas, cables, vallas publicitarias y un sinfín más de obstáculos anárquicamente, sin olvidar por supuesto a los vehículos que estacionan en cualquier lugar y de cualquier modo. Pocas oportunidades quedan, en estas condiciones, para que la gente, sus ciudadanos, tenga la seguridad y confianza de retomar las calles y puedan volver a conversar y relacionarse tranquilamente con sus vecinos a cualquier hora.

Hemos heredado conceptos urbanísticos foráneos que claramente promueven un modo de vida individual, consumista y capitalista, y que además son altamente derrochadores en el consumo de recursos y energía.

La implementación de modelos sociopolíticos y económicos alternativos necesita un contexto físico adecuado para su desarrollo.

El concepto de ciudad moderna creada en Venezuela, al igual que en el resto de Latinoamérica, tiene claras influencias del desarrollo ocurrido en Norteamérica. Planteamientos donde prima el individualismo, la estandarización, la segregación social y el consumo; todo ello bien reflejado en el máximo exponente "desvirtuado" de la vida moderna y la libertad: el automóvil. El desarrollo urbano americano ha estado subyugado al vehículo privado y su red de carreteras, pasando por encima incluso de las necesidades básicas de sus ciudadanos.

Para implementar modelos alternativos con garantía de perdurar en el tiempo, debemos tener claro el contexto en el que vivimos. Venezuela posee más del 95% de su población viviendo en ciudades y núcleos urbanos. Estos han sido y se están desarrollando del modo convencional desde el que se entiende la vida moderna, tal y como nos han impuesto modelos foráneos —excepto por la falta de planificación del territorio— precursores de un modelo socioeconómico capitalista.

Debemos replantearnos el tipo de ciudad que queremos desde la fase de diseño y planificación, para definir cuáles son las necesidades del ser humano en un contexto acorde con la realidad que nos ha tocado vivir, donde el eje central sea el equilibrio ambiental. Este debe estar apoyado por infraestructuras ambientales multifuncionales que favorezcan la integración de los ciclos productivos con las condiciones ambientales y las expectativas de vida, para que generen el establecimiento de parámetros que refuercen las relaciones y valores humanos solidarios y que no condicionen la vida de sus habitantes.

Las soluciones habitacionales que este gobierno está construyendo para los sectores más desfavorecidos a través de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) necesitan abordar con urgencia los aspectos mencionados. Se corre el peligro de estar creando millones de viviendas subsidiadas sin un planteamiento nuevo capaz de transformar el estilo de vida actual hacia una forma de vida más solidaria, sostenible, equilibrada, justa y compartida.

Se pone en duda la calidad de vida que las actuales soluciones habitacionales puedan aportar a sus beneficiarios, más allá de la obtención de un techo y una vivienda digna que cubra sus necesidades básicas.

Actualmente no se están creando las condiciones adecuadas ni las zonas de confort, tanto en el interior como en el exterior de la vivienda, ni siquiera en la calle como espacio público por excelencia, para que todo el gran esfuerzo que está realizando la GMVV se convierta en un verdadero ente transformador de la vida y la sociedad venezolana, y pueda nacer el verdadero sentido del socialismo, entendido como forma de compartir.

Se necesita crear espacios para que la verdadera integración social pueda darse espontáneamente: espacios de encuentro y espacios para compartir. Estos han de surgir necesariamente desde la vivienda social diseñada para vivir, compartir y producir, donde la experiencia social sea vivida intensamente.

Moisés Hernández

Escrito por:

Moises Hernández

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